De las mujeres afganas a las mujeres iraníes: unidas por el dolor y el sueño de la libertad

Activistas afganas han enviado un emotivo mensaje a las mujeres de Irán, afirmando que la guerra en curso no es más que una terrorífica demostración de poder por parte de hombres patriarcales sedientos de autoridad, que no se inmutan ante la sangre derramada ni las vidas perdidas. “Nos une no solo el dolor, sino también el sueño mismo de libertad”, declararon.

De las mujeres afganas a las mujeres iraníes: unidas por el dolor y el sueño de la libertad
21 June, 2025   16:59
Newsdesk

Tres activistas afganas —Saima Sultani, Helen Farman y Mazda Mehrkan— expresaron su solidaridad con las mujeres iraníes y les ofrecieron su total apoyo en medio de la actual guerra con Israel.

“No mediante intervenciones imperialistas, sino a través de la lucha de las mujeres”

En una carta abierta difundida por la Agencia de Información de Mujeres (NUJINHA), escribieron:

“Con el corazón cargado de tristeza y rabia, os escribimos en un momento que debería haber marcado el fin de un régimen vergonzoso: uno que asesina a mujeres, esclaviza a las trabajadoras, arrebata la vida a la infancia, reprime a los kurdos y pisotea los sueños de las personas migrantes. Ese régimen debía caer por las manos de las mujeres. Esta brutalidad —de ejecuciones y discriminación— nunca debió convertirse en otra carta jugada por los políticos patriarcales e imperialistas.

Estas mismas potencias fueron origen y financiadoras de muchos regímenes islamistas misóginos en Asia y África: desde Irán hasta los partidos yihadistas de Afganistán, desde los talibanes hasta Daesh y Al-Qaeda.

El cuerpo podrido de la República Islámica debía ser enterrado bajo vuestros pasos firmes, y no por los misiles de quienes tienen las manos manchadas con la sangre de miles de mujeres y niños en Palestina, Afganistán, Siria, Yemen, Sudán, Líbano, y ahora también en Irán.

La caída de este régimen debía ser un capítulo brillante de vuestra lucha, no otra página oscura en la historia de los crímenes imperialistas”.

“No por manos manchadas con sangre de mujeres”

“La República Islámica merece caer, sí, pero por manos de mujeres firmes e invencibles; mujeres pioneras que durante décadas han sido encarceladas por el simple hecho de anhelar libertad. Mujeres que no se rindieron ante la tortura, la humillación ni la muerte, sino que se alzaron con dignidad, enfrentando el deshonor del régimen con desobediencia orgullosa.

Esa caída debía ser un derecho ganado por Zeynab Jalalian, que ha pasado casi veinte años en una celda sin renunciar a sus convicciones.

La victoria debía pertenecer a Sepideh Gholian, Leila Hosseinzadeh, Sepideh Rashno, Sharifeh Mohammadi, Varisheh Moradi, Bakhshan Azizi, Golrokh Iraee y a miles de mujeres anónimas pero valientes, cuyos corazones ardientes y decisión inquebrantable sacudieron los cimientos de este régimen corrupto sin necesidad de armas, misiles ni escudos.

El final de este régimen debía reflejar los gritos que emergen desde las celdas, desde el sufrimiento, desde lo más profundo de las clases oprimidas, alzando la bandera de la resistencia y la dignidad”.

“No mediante destrucción, sino con la lucha femenina”

“Sí, la República Islámica debe caer, pero no por las mismas manos ensangrentadas de quienes invadieron Afganistán hace más de veinte años con falsas promesas de democracia, liberación de las mujeres, derechos humanos y lucha contra el terrorismo.

Durante dos décadas, las mujeres afganas no conocieron la verdadera libertad; solo volvieron a caer bajo el dominio de los talibanes, entregadas por las mismas potencias que antaño aseguraban protegerlas.

La historia herida de las mujeres afganas es testimonio vivo de que la liberación no nace de los misiles de los capitalistas patriarcales y colonizadores, sino a pesar de ellos.

Esas armas han sido siempre instrumentos de legitimación del colonialismo, el genocidio, el saqueo, la destrucción de hogares, el hambre de los pobres y la perpetuación del ciclo de pobreza, guerra, desplazamiento y violencia sistemática sobre las mujeres”.

“No mediante la guerra, sino con justicia”

“Esta campaña frenética de asesinatos masivos llevada a cabo por Israel y Estados Unidos no tiene nada que ver con la protección ni con la liberación de las mujeres iraníes. Ni siquiera representa una auténtica defensa del pueblo iraní por parte de su propio régimen.

Lo que presenciamos es una manifestación terrorífica y calculada de la sed de poder patriarcal, que ve la guerra como negocio e inversión, sin importar la sangre ni las vidas.

Estas masacres no son actos aleatorios: son parte de una estrategia deliberada del capitalismo global. Un sistema que alimenta sus beneficios y acumula riqueza mediante el comercio de armas y la propagación de guerras en beneficio de una diminuta élite gobernante.

Esta estructura busca no solo controlar tierras y políticas, sino también aniquilar los movimientos feministas, las protestas laborales y toda rebelión liderada por los grupos marginados, profundizando su dominio y expandiendo su poder con el tiempo”.

“No con sangre, sino con solidaridad”

“Sabemos que estáis atravesando días y noches insoportables. Sabemos que vuestros corazones están llenos de rabia, de llanto, de duelo y dolor.

Sabemos cuán amargo es ver caer a un tirano por manos de otro, tras más de cuarenta años de sacrificios en los que habéis entregado vuestras vidas, hogares, bienes y comodidades por una causa justa.

Nosotras, mujeres afganas, conocemos demasiado bien ese dolor. Pero en medio de toda esta brutalidad, no olvidéis que a vuestro lado están los hombros heridos pero firmes de vuestras hermanas afganas.

Hemos vivido vuestro duelo en el exilio, en la diáspora, y con cada uno de vuestros levantamientos nuestros corazones latieron con más fuerza.

No olvidéis que entre la teatralidad opresiva de tres figuras patriarcales —Jameneí, Netanyahu y Trump— no estáis solas. Nuestros corazones y manos están con vosotras.

Somos mujeres a quienes de nuevo se les arrebata el suelo bajo los pies. Nuestra tierra fue robada y bombardeada; se nos obligó a migrar y retroceder al punto de partida. Pero no nos rendiremos. No aceptaremos ese destino. Recorreremos este camino juntas, más unidas, más firmes, más hermanadas que nunca. Porque lo que nos une no es solo el dolor, sino también el propio sueño de libertad. Seguiremos luchando, aunque solo nos quede un día para hacerlo. Porque, al final, somos las vencedoras de esta batalla”.

ANHA