Hambre, frío y muerte en la frontera entre Polonia y Bielorrusia

Los migrantes atrapados en el límite entre ambos países denuncian agresiones en medio del frío, entre dificultades para conseguir agua y comida

Hambre, frío y muerte en la frontera entre Polonia y Bielorrusia
16 November, 2021   07:48
NEWS DESK - MUSTAFA ALO

El drama para cientos de migrantes kurdos del Kurdistán del sur continúa en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Pasan hambre, frío y se enfrentan a la muerte. En estas condiciones difíciles y duras, las personas atrapadas en el límite entre ambos países denuncian agresiones y violencia por parte de las autoridades policiales de los dos países. Bielorrusia no les permite regresar, mientras que Polonia no permite su entrada en su territorio.

Algunas de estos migrantes han instalado campamentos improvisados a pocos metros del sueño europeo, una zona y unas fronteras altamente militarizadas. Según cifras de Varsovia, más de 4.000 migrantes están atrapados en esta zona hace un par de semanas. En esta parte, tras la llegada de estas personas, los alimentos se venden por varias decenas de dólares, y las botellas de agua, por 10 veces su precio. Hasta cargar el móvil, una herramienta imprescindible en esta travesía, cuesta dinero.

De los que logran cruzar, algunos se esconden en el bosque polaco pero con muchas dificultades. Éstos son principalmente los más jóvenes. En cambio, cuando son familias enteras, con ancianos o niños, van por la carretera, porque les sirve como orientación, y los pillan rápido. Hay helicópteros y drones, y ahora además han instalado cámaras con luces nocturnas que facilitan saber la ubicación exacta de los que logran escaparse.

Umed Ahmed, de 43 años, es un poeta y activista kurdo de Hewler. El día 20 de octubre salió de su ciudad natal y se dirigió a este destino. Pasó dos noches en Dubái y el día 23 llegó a Bielorrusia. Umed, como miles de personas, decidió dejar su tierra para buscar un futuro mejor y un lugar donde pueda expresarse y escribir sus poemas sin miedo de ser detenido.

“Un familiar mío me ayudó económicamente para llegar aquí. En Hewler fui detenido varias veces por haber participado en protestas y por pedir derechos y libertad. Mis poemas criticaban al gobierno y por eso me detuvieron tres veces. No podía aguantar más y por eso decidió dejar todo atrás y huir. Tras la detención, perdí mi trabajo y nadie me ofrecía un nuevo cargo porque los que me habían ayudado habían sido amenazados por Asayish del Kurdistán”, comenta por teléfono desde Minsk, Bielorrusia.

“Dejé a mi familia en Hewler (mi hijo y mi mujer) porque costaba mucho salir todos juntos y yo no tenía la cantidad que me pedían. Si Kurdistán fuera un paraíso como nuestros políticos dicen, por qué yo dejaría a mi tierra? Por qué toda esta gente: mujeres embarazadas, mayores y niños estarían aquí en estas condiciones tan duras?. El 90 por ciento de la gente aquí son de Hewler o Duhok. Huyeron por las malas condiciones y para tener más derechos y libertades”, explica Umid.

La mayoría de migrantes son del Kurdistán del sur entre los que se cuentan cientos de mujeres y niños, rodeados de tropas de ambos países, lo que ha generado temores de un enfrentamiento armado. Mientras, otros países europeos están preocupados por la llegada de más migrantes y temen que esta ruta substituya la del Mediterráneo. Polonia, por su parte, ha desplegado más de 15.000 soldados para proteger sus fronteras.

Arsalan Azzadin, de 60 años, es médico kurdo. Lleva más de 40 años en Polonia. En su clínica que está a 15 kilómetros de donde se encuentran los emigrantes, recibe a decenas de desplazados heridos, deshidratados y con hipotermia. “Llegan con infecciones de pulmones, con tos o fiebre. Algunos no pueden caminar más porque se les hinchan los pies. Otros tienen problemas en el estomago por haber tomado agua sucia o haber comido hierbas en los bosques”, cuenta Azzadin por teléfono desde Bielsk Podlaski, Polonia.

Las autoridades polacas han firmado un acuerdo con la Unión Europea en el que dicen que no permitirían la entrada de los migrantes al territorio de la Unión Europea. Además, algunas aerolíneas ya no permiten que ciudadanos de Iraq, Siria o Irán viajen a Bielorrusia.

“Hace pocos días, recibimos a una mujer embarazada en la clínica. El bebé estaba muerto y ella sigue en cuidados intensivos. Era de Duhok. Había llegado hace unas semanas pero no aguantó las malas condiciones del boque. Otros han perdido la vida, diría que ya son 11 personas”, cuenta el doctor Azzadin. “La verdad nunca había imaginado que recibiría ni vería a gente de mi tierra en esta situación tan dramática”, añade el doctor.

Un viaje de este tipo cuesta entre US$10.000 y US$20.000, dependiendo de las condiciones. El portal alemán Deutsche Welle señaló en una investigación que los consulados bielorrusos incluso delegaron el derecho a poner visas de su país en los pasaportes a estas agencias de viajes. Junto a esto, Bielorrusia incrementó de manera significativa el número de vuelos desde países de Medio Oriente. Varios países de Europa denuncian que incluso las autoridades bielorrusas están detrás de esas ofertas que promocionan las agencias de viaje.